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Las cosas que tienen muchos nombres son, si no confusas, complejas y esto de “acampada”, “nolesvotes”, “15-M”, “democraciarealya”, “plataforma de coordinación de grupos pro-movilización ciudadana”, etc. los tiene, como se ve, en abundancia aunque cada cosa vaya por su lado y todas se junten, o se utilicen, en un momento determinado. No hay duda de que las movilizaciones han tenido más éxito del que se esperaba y tampoco tengo por qué dudar de que algunos episodios de violencia nada tengan que ver con los organizadores de los actos. ¿Quién puede extrañarse de que con un paro juvenil escalofriante y una quiebra más que grave entre la actividad política y las preocupaciones ciudadanas aparezcan estos brotes de protesta?

Organizada la protesta, aclaremos que igual de absurdas que algunas reacciones es el empeño por hacernos creer que en ese modo de tomar la calle está “la juventud”, como si esta fuese amorfa y sin pluralidad ideológica. Oficialmente se presentan como una amalgama de gente de izquierda y conservadores, ateos y creyentes y no sé qué más opciones, pero su manifiesto y su programa no casa ni con la pluralidad de cartón piedra ni con las ideas que vayan de la socialdemocracia al pensamiento conservador. Son los que son pero deberían dejar de avergonzarse, o de callarlo como estrategia coyuntural, que las ideas que dicen defender forman parte de una izquierda minoritaria en Europa y en España, intervencionista y antieuropea. Son los que son pero seguramente son más los jóvenes que, enfadados pero confiados en su capacidad de influencia en los partidos políticos, están estos días colaborando en las campañas del PSOE, del PP, de UPyD, de los partidos nacionalistas, etc.

La espectacularidad y todo aquello a lo que deba o pueda mover a reflexión la protesta callejera no quita ni su contenido ideológico más que evidente ni lo aborrecible que termina resultando que la indignación tenga que ser obligatoria, por orden y en base a lo que unos cuantos más avisados señalen con el dedo. Es absurdo identificar el triunfo de las ideas de unos con la democracia real. Y esa pamplina de exigir a los periodistas que traten “con objetividad” sus actividades no se de qué “democracia real” ha podido salir… Por eso me cuesta entender el susto del que hacen gala algunos dirigentes socialistas o el paternalismo atolondrado con el que quieren convencer a los manifestantes de que ellos son sus pares. Lo que se defiende en el manifiesto nada tiene que ver no ya con el “republicanismo” abandonado del presidente Rodríguez Zapatero sino con la tradicional socialdemocracia del PSOE. Más les valdría escuchar a los jóvenes que están con ellos, que no son poco. Y si van a perder las elecciones no es, desde luego, por el efecto mágico de los acampados.

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