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Está muy bien la campaña de numerosos periodistas –y con ellos muchos más ciudadanos- protestando contra esa extendida vergüenza (o costumbre vergonzante) de los políticos que convocan “ruedas de prensa” en las que no admiten preguntas. Estando muy bien a veces el problema, para algunos lectores, son las preguntas. Siendo todas muy respetables, en ocasiones sirven para revelar más de quien las hace que para propiciar una respuesta o, sencillamente, dan lugar a equívocos, aunque estos no sean buscados.

En torno a uno de los grandes asuntos del debate nacional, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre Bildu, ayer preguntaron al presidente del mismo, Pascual Sala –que no comparecía en rueda de prensa sino que participaba en una conferencia académica-, “sobre las críticas vertidas por el PP” a raíz de la sentencia, al parecer referidas a la “independencia” del Tribunal. Eso cuentan las crónicas aunque, ciertamente, las críticas podrían ser, en todo caso, de algunos de sus dirigentes o militantes ya que no encuentro reproche alguno, se piense lo que se piense acerca de Bildu, a la nota oficial de este partido. Pero el o los periodistas que preguntaron, siempre según las coincidentes crónicas, no lo hicieron sobre la propia Bildu, ni sobre EA, Alternatiba, Aralar, el PNV, etc. que antes y después de conocerse el resultado, han insistido en la dependencia política del Constitucional y en su falta de independencia hasta el punto de que alguno de los citados ha asegurado en público que, para legalizar las listas de Bildu, ha tenido que presionar con cierto tono amenazante al Gobierno y hacer, además, “lo que no puede decirse”. Lo mismo que hicieron partidos políticos nacionalistas catalanes y muchos dirigentes socialistas cuando se conoció la que hacía referencia al Estatuto de Cataluña. Si sobre todo esto no hubo preguntas, y sólo sobre el PP, la cobertura del asunto, incluso la respuesta, termina resultando incompleta.

El propio Salas quiso zafarse del asunto, diciendo que no replicaba a manifestaciones de políticos, pero como respondió a la consideración general, las crónicas –otra vez- atribuyen sus palabras al PP. Como el presidente del Tribunal estaba de buen humor e hizo bromas sobre el edificio con forma de queso con agujeros, podía haber seguido esa senda para decir que si EA y Alternatiba, socios en Bildu con los “independientes” de Batasuna, eran, según extendida opinión a pesar de atacar la independencia de decisión que él ha suscrito, de “intachable trayectoria democrática”, todos los que, antes o después la pusieran en duda eran también, cómo no, intachables y demócratas. Pero quiso ponerse serio, distinguir entre la ideología de los magistrados y su independencia, y tachar a todos –porque imagino que será a todos- de injustos desconsiderados que atacan “lo más sagrado” (¡Viva el laicismo de los progresistas!) de la función jurisdiccional.

A un lado la sentencia, a la que habrá que volver, termina siendo tan generalizado el convencimiento de eso que al magistrado Sala le pone “la carne de gallina” que no estará de más que se preguntara por qué. A lo mejor el sistema de elección de magistrados, la exhibición de ideologías no solo en “palabras generales”, el bloqueo político de la renovación, la mezcla de argumentos políticos con jurídicos, la discusión interna no ya sobre fundamentos sino sobre “excesos” en su funcion, etc. tienen  algo que ver en la imagen del Tribunal Constitucional. Y a uno se le tiene que poner la carne de gallina sobre más cosas…

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