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Si he venido reiterando, aquí y donde he podido o me han dejado, que la argumentación del Tribunal Supremo, como la de las demandas de impugnación y los informes añadidos, me parecía acertada, no puedo ahora sino lamentar que el Tribunal Constitucional haya tomado la decisión contraria avalando la presencia en las próximas elecciones de las listas de Bildu. En el momento que redacto estas líneas no conozco sino el resultado de la votación (6 magistrados en contra de la decisión del Supremo, cinco en contra) y no la argumentación de la mayoría del Constitucional pero quiero pensar que el Tribunal se ha inclinado por el derecho a comparecer en las elecciones a pesar de lo que considero una evidencia: que se trata, como con Sortu, de una operación para dar cobertura a Batasuna en el proceso electoral sin que nadie pueda convencerme que, por mucha referencia que se haga a una “nueva etapa”, ésta haya roto con las causas que determinaron su ilegalización. El respeto a la sentencia no quita la valoración de los hechos y de su significado político.

Como no tengo datos de que los magistrados del Constitucional hayan actuado mandatados o presionados por los partidos políticos (unos y otros) no me atreveré a decirlo, como a lo largo de estas últimas horas, antes y después de conocer la resolución, he leído o escuchado. Los problemas del Tribunal, que afectan a su constitución y a su imagen, son evidentes pero esta opinión no me autoriza a deducir esa implicación de la política partidista en una votación reñida como complicada, aunque menos reñida, fue de la de la Sala del 61 del Supremo.

Pero, a la espera de los fundamentos jurídicos y de las valoraciones, sí quisiera señalar en este momento, que para mi es triste, lo que me ha resultado obsceno: el entusiasmo de algunos –creo que bastantes- pretendidos “bienpensantes” que han traspasado la barrera de las garantías constitucionales, discutidas en ambos tribunales, para colocarse no del lado de los derechos de los integrantes de las listas de Bildu sino, sencillamente, del lado de Batasuna. Estos entusiasmos, que llevan consigo a veces el insulto a quienes piensan lo que yo pienso, esos rótulos de “Free Bildu”, ese olvido –sea cual sea la opinión jurídica, si es que todos los que hablan la tienen- de lo que Batasuna ha sido y sigue siendo, del reguero de víctimas a las que los nuevos candidatos no han pedido ni perdón, esa búsqueda también del apoyo de Bildu para operaciones políticas partidistas o para la simple salvación de los que han perdido o no han tenido nunca apoyo ciudadano, me resulta, lo digo con sinceridad, lamentable.

Ha habido una batalla jurídica y conocemos el resultado. Deberá volver a empezar, independientemente de éste, la batalla en la opinión pública, que es el campo en el que se desenvuelve la política.

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