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El PNV se cabrea porque le conviene cabrearse y, ya puestos a ello, lo hace a destiempo y mal. Si considera que la pretensión gubernamental de que Bildu no esté en las elecciones del próximo día 22 es suficiente para “suspender” su cooperación política con el Gobierno tendría que haber hecho su anuncio cuando se dieron instrucciones a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado para impugnar las listas y no cuando el Tribunal Supremo decide dándoles la razón. Pero esta incoherencia le sirve al PNV para dar la impresión de que la Justicia está manipulada por el Gobierno, de que la sentencia es impuesta, de que hay una suerte de conspiración para impedir una “mayoría nacionalista”.

No le hacen falta al PNV para estas estratagemas argumentos serios. De hecho, dos días después de acusar a Bildu-Sortu-Izquierda Abertzale de victimismo quiere dar la apariencia de que conidera a todos ellos –que son los mismos- victimas colaterales de una supuesta batalla que sería contra el PNV. Ningún análisis serio de la sentencia del Supremo, ninguna réplica jurídicamente fundamentada; se trata de insistir en que, sin los radicales, el mapa institucional (desde el Parlamento Vasco a los ayuntamientos de esa comunidad) están “viciados” y que sólo por ello gobierna López con el apoyo del PP. Tendrían que añadir, al menos, que sólo por lo contrario han gobernado ellos, han pactado con ellos el Plan Ibarretxe y el poder en distintas instituciones y se han aprovechado del efecto del terror en sus adversarios. Al margen del valor de cada argumento, que no es el mismo, si hablamos de una cosa es conveniente hablar de toda ella. Por otro lado, denunciar un sometimiento al PP en esta materia para proponer que, a cambio del apoyo parlamentario, el Gobierno y el PSOE se sometan a los dictados del PNV incrementa el ridículo hasta el hartazgo.

Este cabreo mal medido y peor expresado demuestra, además, que la colaboración con el Gobierno en el Congreso no tenía nada que ver con el principal argumento aducido: la estabilidad en momentos de grave crisis económica. Se trataba, sólo, de conseguir rendimientos inmediatos, partidistas y alicortos: zarandear al Gobierno de López en Vitoria, conseguir dinero para organizaciones afines, dar la impresión de que son imprescindibles. Pero, paradojas de la vida, sin Bildu son cada día más prescindibles, como lo habrían sido antes sin Batasuna, dinero ya no queda y el Gobierno de López, si cae, será por sus errores y nunca por el desiderátum de un PNV en el que no hay modo de que se vislumbre un proyecto común entre Urkullus, Egibares y las derivadas de ambos.

Si el PSOE se desquitara de sus complejos, hasta podría dar el vuelco que con otras cosas no consigue poniendo en su sitio un cabreo tan fatuo y ridículo.

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