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En la contraportada de “Emaús”, el último libro de Alessandro Baricco publicado por Anagrama, se recoge un comentario de Domenico Starnone, en La Repubblica, en el que hace alusión a la sorpresa que podría haber generado en los lectores de Baricco que tratara sobre el catolicismo, la fe, el calvario, la resurrección, etc. El crítico tranquiliza a los sorprendidos: “Encontrarán de nuevo a su autor, y en óptima forma”. Permítaseme hacer dos comentarios. Uno, sobre el libro que, propiamente, no trata sobre el catolicismo, sino sobre un grupo de seres humanos para los que la fe, por una educación que Baricco define como la que entiende “la vida como una obligación moral”, se convierte, en el paso de la adolescencia a la juventud, en una suerte de “necesidad física, una urgencia”. Parece quizá lo mismo pero no lo es: la novela trata de las vicisitudes de un grupo de muchachos, que reflejan también una época, y no del trasfondo teológico de esas aventuras. Y el segundo, sobre el autor (y también el libro): se le reconoce, sin duda, pero con más poso e interés incluso que en sus novelas anteriores, incluso al archifamosa “Seda”.

La habilidad de Baricco en la construcción de la historia –o de las historias a veces paralelas y a veces entremezcladas- logra que el carácter extremo de las peripecias de los personajes se contemplen con naturalidad y verosimilitud. Es decir, todos tenemos experiencia de encontrarnos en ocasiones en el límite, en el extremo y esta percepción personal, con toda su riqueza y toda su angustia, es más una realidad subjetiva que una valoración pretendidamente objetiva de quien nos contempla desde fuera y nos compara con sus paradigmas propios. Lo cierto es que, salvo el narrador sin nombre, la vida de sus tres amigos (El Santo, Luca y Bobby) termina mal deslizándose, además, por vericuetos ordinarios. Y la vida extravagante de la chica que lo trastoca todo, que Baricco relata con tanta hermosura como la que le adjudica, es también normal (por verosímil) aunque no se ajuste a las normas imperantes.  Nada en la lectura de “Emaús” aparece como exagerado, ni el modo en que el autor enlaza las reflexiones con los hechs que cuenta. Y las vidas de los cuatro(o cinco) personajes, como las de los que les rodean, responde perfectamente a la intención del título: como en el pasaje evangélico, estamos –también los lectores, que por ello lo entendemos muy bien- ante o dentro de acontecimientos en cuya trascendencia no reparamos o sólo, quizá, cuando todo se derrumba y aparece la tragedia.

 

Alessandro Baricco, “Emaús”, ANAGRAMA, Barcelona, 2011.

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