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El presidente de los empresarios navarros dijo ayer haber recibido una carta de ETA en la que le comunicaba que los reiterados actos de extorsión quedaban –o estaban ya- paralizados como consecuencia del “alto el fuego” anunciado a comienzos de año. Los empresarios de la comunidad foral ya lo sabían, puesto que no recibían cartas amenazantes desde hace meses, pero ETA, al parecer, quiere hacer un gesto de propaganda con el anuncio de lo ya anunciado. Es decir, ni la extorsión económica ha terminado, como algunos optimistas decían ayer, ni se trata de una nueva decisión de la banda. Si ETA, que no quiere desaparecer, volviera a sus acciones violentas, se reanudaría la extorsión. Está bien, claro, que los empresarios navarros, como los del País Vasco y de otros lugares, no reciban las malditas cartas, pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo como si estuviésemos ante un paso más en un “proceso” esperanzador. La única esperanza está, como siempre, en las Fuerzas de Seguridad, la firmeza política y judicial, y la cooperación internacional. No en los criminales y sus maniobras propagandísticas. La nada, esto es, la confirmación de lo que había, es vendida por la llamada Izquierda Abertzale como un gran paso y, lamentablemente, hay quien compra la mercancía.

En medio del drama, no deja de tener cierta gracia que José Antonio Sarría, presidente de la patronal navarra, cuente el contenido de la carta que ha recibido –en la sede de la organización que encabeza, añade- y no quiera mostrarla aduciendo que “es privada”. Y digo en medio del drama porque el propio Sarría, y esto ya no tiene ninguna gracia, ha pedido en la misma comparecencia que cesen también las amenazas a pequeños empresarios navarros con “pintadas, exigencias de colaborar monetariamente en colectas, etc.”. Así que en un escenario de tranquilidad no estamos. El remedio ya se sabe: el Estado de Derecho. Los empresarios deberían denunciar estos hechos y reclamar la acción de la Policía y la Justicia en vez de hacer extraños e inútiles ruegos a los terroristas y sus cómplices.

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