Etiquetas

, ,

Cada cual puede hacer política –o campaña, que no es exactamente lo mismo- como le plazca, pero esta manía de ir a una procesión de Semana Santa y, antes o después, hacer unas declaraciones políticas me saca de los nervios. La inoportunidad de algunos candidatos es escandalosa y, en este caso, la mezcla de escenarios es vergonzosa. Si, en algunos casos, se añade a la inoportunidad del lugar y del momento la de lo que se dice la vergüenza deviene obscena.

Esto es precisamente lo que le ha pasado a la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, cuyas últimas declaraciones, remachadas después por una nota de prensa para que se despeje cualquier atisbo de improvisación, se han hecho mientras se iniciaba en Guadalajara la procesión del Domingo de Ramos, como se ve el momento más indicado para demostrar la debilidad de la candidata a la presidencia de Castilla La Mancha. Debilidad, nerviosismo… No parece que vaya a haber muchas sorpresas en las elecciones autonómicas y locales del próximo mes de mayo en las que, sin exageraciones en las diferencias, el PSOE recibirá un varapalo y mantendrá su buen resultado en Extremadura. La única duda seria, salvo sorpresa, es precisamente Castilla La Mancha, cuya importancia va más allá de los intereses de los ciudadanos de esa comunidad autónoma precisamente porque la aspirante es la secretaria general del PP.

Esta obscenidad de utilizar las celebraciones católicas para manifestaciones políticas –que deberían molestar en primer lugar a los católicos, si es que quedan- viene acompañada, decía, por el mensaje: su partido, el de Cospedal, se va a ocupar estos meses a que se sepa la verdad. Sobre todo, incluida la economía. Es decir, sobre el terrorismo. Bien, ya sabemos que el programa del PP (o el de Cospedal, que es muy particular) será retrospectivo. Para que ETA termine, sólo mirar al pasado. Para que la economía funcione, doña Dolores nos va a contar lo mal que nos van las cosas. Pasmosa la procesión.

Anuncios