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Si ayer escribí que no me extrañaba el contenido que hemos conocido de la conversación entre el presidente Rodríguez Zapatero y algunos de los grandes empresarios españoles, me detendré hoy brevemente en un asunto que sí me extraña y que hace referencia al papel de los empresarios españoles ante la opinión pública. Podría decirse también de otros sectores de la vida española, los sindicatos incluidos, pero vaya en esta ocasión –la extrañeza- referida a los emprendedores.

Los empresarios, ante el Gobierno (como ante la Oposición) defienden sus intereses y se mueven para ello en los parámetros de las competencias de sus interlocutores: dan su parecer sobre medidas adoptadas o por adoptar, leyes aprobadas o en tramitación, etc. Argumentan, tratan de explicar las consecuencias de una cosa o la contraria, hacen lobby, protestan o muestran su complacencia, solicitan o recurren. Su trabajo depende de esos y otros factores y elevan su voz en consecuencia. Sin embargo, me llama la atención, la muy escasa preocupación por incidir intelectualmente en la sociedad que conforma la opinión y elige a los políticos y no me refiero, está claro, a defender una posición política concreta, sino a la voluntad de explicar, en el seno de una sociedad abierta en a que caben distintas opciones ideológicas, cuáles son los fundamentos de la libertad de empresa, la economía de mercado, el imperio de la ley y el Estado de Derecho en el que florecen y juegan su papel las empresas.

Hay, no se me oculta, algunos think tanks relacionados con el mundo empresarial, pero casi todos ellos defienden “intereses” (y no tanto ideas) o tienen una vinculación orgánica con asociaciones que los defienden incluso estatutariamente. Si ir muy lejos, ni siquiera al mundo anglosajón en el que la incidencia de los emprendedores es mayor en el debate de ideas, podemos encontrar en Francia la presencia de empresarios individuales en iniciativas intelectuales, revistas de pensamiento, grupos de reflexión o los citados y plurales think tanks, en este caso vinculados al análisis, las ideas y la prospectiva y no directamente al lobby o los intereses a corto plazo. En España son, en todo caso, la excepción. Explica algunas cosas pero no por ello deja de llamar la atención.

 

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