Vayamos por partes. Sobre la inconveniencia de estar todo el día dándole vueltas a una improbable sucesión en la cabeza del PSOE del presidente Rodríguez Zapatero el acuerdo parece bastante amplio. Incluso el sábado, casi al mismo tiempo de la reunión con empresarios en La Moncloa, Mariano Rajoy se refería a esta pasmosa batallita (en la que se mezclan el desánimo del presidente, las ambiciones de algunos y las patéticas disculpas de ciertos “barones”) como una “burla”.

Parte de la estrategia del PP es señalar que España necesita  un cambio de Gobierno para  proporcionar la “estabilidad” que se necesitaría  para lograr la tranquilidad de los mercados y la confianza de los emprendedores. Sin embargo, parece también un estado de opinión bastante generalizado que, junto al cambio de Gobierno (e incluso antes), son necesarias reformas que el presidente Rodríguez Zapatero va tomando a trompicones y a menudo a velocidad inconveniente y que el PP, que sin tanta hipoteca y peso del pasado podría tomar más eficientemente, no anuncia ni concreta por evidentes razones estratégicas.

Vistas así las cosas, por partes, no termina de resultar muy extraño que un grupo de empresarios, constituido más como lobby que como representación de sus colegas, le sugieran al presidente que se ponga a la tarea, que la incremente y la complete con urgencia, y que deje para el momento de las elecciones, previstas para dentro de algo más de un año, la batalla de la sucesión y el maquillaje de propuestas programáticas. Tampoco es fácil –ni aquí ni en otros lugares- encontrar empresarios importantes enfrentados abiertamente con el Gobierno. Ni resulta una extrañeza –no hay más que ver la lista de donaciones a partidos allí donde su publican- que los empresarios que saludan amistosamente al presidente llamen después al líder de la Oposición para saludarle con renovado afecto.

¿Por qué, entonces, tiene tanto impacto lo ocurrido en la reunión del sábado en La Moncloa? Quizá porque aquí el debate no es tanto sobre iniciativas, que brillan por su ausencia incluso entre las propuestas (siempre obligadas), sino sobre los flancos débiles del adversario, que son legión.

 

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