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Jesús Eguiguren reprocha al presidente Rodríguez Zapatero falta de valentía ante la solicitud de legalización de Sortu y poco después afirma que es “fan” de su secretario general y que ha sido un error el uso de palabras que puedan dar lugar a desvirtuar su lealtad. El ministro de Justicia asegura que Sortu no es ETA y poco después vuelve a anudarse al micrófono para aclarar que Sortu es, a su juicio, un instrumento de Batasuna que sí que es parte del conglomerado de la banda. El lehendakari, animoso, no acaba de encontrar el modo de ser al mismo tiempo coincidente con el Gobierno (que insta al Supremo a que no acepte la solicitud de Sortu) y algo parecido a dialogante encantador y, por ello, desea que el nuevo partido de Batasuna sea legalizado pero pide más pero prefiere la paz a su pacto con el PP pero el pacto con el PP es para conseguir la paz pero no acepta críticas a 500 kilómetros pero sí las recomendaciones del Gobierno que está un poco más cerca pero ve que las cosas se mueven pero le gustaría que desapareciese el inmovilismo, etc. El Partido Socialista de Euskadi valora muy positivamente que Sortu “rechace” que los terroristas de ETA pensaran que quizá coincidiendo con un homenaje podían atentar contra Patxi López (lo que se había sabido por las declaraciones de los últimos detenidos) pero no muestra su pesar porque ni rechace ni condene los asesinatos que los mismos detenidos confesaron, aunque luego dice ETA sigue existiendo y que ya se sabe a qué se dedica.

Podría seguir. ¿Por qué está necesidad de hablar y hablar de cualquier modo? Si han llevado el asunto a los tribunales porque no repetir los argumentos de la demanda o callar? El ministro Jáuregui pide calma, silencio y prudencia. Menos mal. Si no se desdice, claro.

 

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