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No tengo ninguna duda de que el ministro de Fomento, José Banco, es un buen estratega. Y que, además, como antiguo secretario de organización del PSOE y como actual miembro del Gabinete, conoce muy bien las triquiñuelas, las aspiraciones y las necesidades de muchos municipios y todas las comunidades autónomas. Su problema  hoy, mientras sube al escenario de las próximas elecciones, es que, como no puede desvelar la estrategia pero toma decisiones estratégicas que sorprenden, se queda un poco al pairo de los malos vientos que azotan al PSOE. Está muy bien que, para escabullirse, quiera colocarse por encima del viento (“es para ganar las elecciones”), pero queda un poco chungo, por debajo de sus habilidades, que añada que la suspensión del anunciado mitin de Vistalegre es porque ese tipo de decisiones no se toman en función “de lo que digan los periodistas”.

Lo más concreto de las explicaciones vertidas sobre la desaparición del calendario de esa tradicional kermesse bajo la presidencia de Rodríguez Zapatero, apoyado y arropado por los que recibían su apoyo, es que se trata de “territorializar” la campaña electoral, dedicarla a discutir de asuntos de cada municipio o autonomía y no de asuntos generales, ajenos al parecer a los comicios de mayo. Así lo han subrayado algunos líderes regionales del PSOE, casi todos candidatos y, no se olvide, con más ímpetu los que, en una estrategia sorprendente, han venido diciendo que el presidente debería anunciar antes de las autonómicas si se presenta o no, que no querían convertir esas elecciones en un plebiscito sobre Rodríguez Zapatero o que es muy conveniente lo de que los gobernantes no superen dos legislaturas. Con ello, lejos de eliminar las cuestiones “nacionales” o de dejar a un lado si el presidente ha dejado de ser o no un activo, la suspensión del famoso mitin vuelve sobre el asunto –porque no hay modo de desquitarse de él-, lo coloca en primera línea y consigue el efecto contrario al que se pretendía, digan lo que digan los periodistas y los miembros del Comité Electoral del PSOE.

El problema del PSOE es que no puede desquitarse de sus problemas por muy buen estratega que sea José Blanco. El PP va a plantear las elecciones de mayo –ya lo está haciendo- en “clave nacional”, como el prólogo de lo que entienden será su triunfo en las generales de 2012. Es difícil, para encauzar el debate, olvidarse del adversario y limitarse a hablar de carreteras locales y subvenciones autonómicas y no tanto porque el PP quiera hablar de otra cosa, sino porque de lo que quiere hablar el PP es de uno de los temas más sensibles en estos momentos para la opinión pública. ¿”Territorializar” la campaña es evitar en el debate la crisis económica, los ajustes del Gobierno, las pensiones, etc.?

Por otro lado, presentar a los candidatos locales o autonómicos como desconectados y ajenos a todos estos temas es, de nuevo, otro imposible. Los que quieren, porque algunos quieren, tener al presidente, digamos, un poco lejos –ya que no se atreven a más-, son los que con él han llevado a cabo el programa de Gobierno que está en el centro de las discusiones del momento. No debería ser un consuelo, ni una estrategia, responder a los que buscan el aval de Mariano Rajoy como próximo presidente con una suerte de “aquí estamos nosotros, solos, sin otros apoyos y protecciones”. Cuando las cosas van mal, van mal, aunque se programe un mitin de Blanco.

 

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