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El debate de ayer en el Congreso, impulsado por el propio presidente del Gobierno, pasó sin pena ni gloria tanto por su contenido como por la atención prestada por ciudadanos y medios de comunicación. Como no parece que las políticas sociales sean una cuestión que no interese (a muchos le afecta de modo apremiante), se diría que la opinión pública advierte el tono propagandístico del mismo y la poca eficacia a la hora de plantear, debatir, acordar o confrontar medidas concretas y razonables en esta materia.

Que el Gobierno ha tenido que reducir las prestaciones sociales resulta tan evidente que pretender ocultarlo con porcentajes de gasto social (en los que entra la sanidad y la educación y hasta los sueldos de los ministros del ramo) o con el recuerdo en el que el aumento del mismo era bandera del PSOE es un empeño vano, para militantes convencidos pase lo que pase. No para votantes y ciudadanos. Si cada medida de ajuste que se ha tomado (desde la reducción del sueldo de los funcionarios hasta la reforma y la congelación de las pensiones) ha sido acompañada de manifestaciones del “dolor” que producía al presidente y a su partido, no van a ser los afectados los que no lo sientan por la retórica gubernamental sobre el pasado, la necesidad y los porcentajes. El debate estaba pensado para dar carta de naturaleza a la idea de que es el PSOE el partido sensible a las políticas sociales y el tiro ha salido por la culata: no es el momento de la propaganda, sino el de las explicaciones.

El PP, por su parte, aprovecha la ocasión para reseñar, subrayar y vocear la larga lista de ajustes en gasto social, incluso en las materias en las que, cuando la alegría de Rodríguez Zapatero las aumentaba con poca previsión, el partido de Rajoy se manifestaba escandalizado. Dar de este modo (es decir, limitándose a criticar los ajustes) la sensación de que, cuando gobierne, podrá reducir el gasto sin tan dolorosos recortes, ha sido parte de una estrategia de dejarse llevar hacia el triunfo –o hacia el anunciado fracaso del PSOE- sin proponer nada que pudiera enfadar a alguno. No podrá como no ha podido, en lo que le compete, en las comunidades autónomas en las que gobierna.

Está muy bien insistir en que la mejor política social es crear empelo y le viene de maravilla al PP que el PSOE caiga en la argucia y replique que no es sólo eso. Al fin y al cabo, las reformas y ajustes a los que el Gobierno se ha visto forzado son medidas consideradas necesarias para establecer unas bases de crecimiento económico con el que pueda comenzar a crearse empleo. Lo malo es que, seguramente, tal cosa no ocurrirá en 2011 (no será mayor la creación que la destrucción que se está produciendo) y, en la primera mitad del año siguiente, se celebrarán las elecciones. Pero si el PP, que seguramente llegará al poder en ese momento, no profundiza en las reformas y los ajustes, incluso más allá de lo que ya han hecho sus adversarios, no habrá crecimiento sostenido y suficiente.

Así que, mientras unos y otros se dedicaban a la propaganda, la casa sigue sin barrer.

 

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