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Seguramente impresionado por tanto llamamiento a ejercer una suerte de “liderazgo da la paz”, el lehendakari López da la impresión de estar un poco atribulado. Y seguramente por la congoja de la adversidad -¿qué hacer en circunstancias tan especiales?- se le nota un tanto confuso.

Insiste siempre que puede en que su deseo es que Sortu sea legalizado porque eso significaría que cumple todos los requisitos legales para ello. Añade que habla a menudo con el vicepresidente Pérez Rubalcaba y que los deseos de este coinciden con lo suyos. Sin embargo, el vicepresidente, que podría desear como todos que haya una (otra más bien) “izquierda abertzale” que nada tenga que ver con ETA, ha dicho claramente que, a su juicio y el de sus asesores, Sortu es la continuación de Batasuna y, por ello, no ha dado por buena su inscripción en el registro de Partidos Políticos y ha remitido el asunto a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado. No ha dicho, lavándose las manos, que los tribunales decidan, sino que este nuevo partido es la continuación del ilegalizado. López no. López, si hacemos caso a sus repetidas intervenciones, desea que Sortu sea legalizado y hace constantes referencias a que no hay que poner trabas a la paz, que ve cercana a pesar de temer, de vez en cuando, que seamos engañados. Si Rubalcaba piensa lo mismo que López, según sostiene este último, es cosa de averiguar, pero, escuchándoles, no es lo mismo la prudencia de López (que confía en que los tribunales no sean engañados) que la decisión del vicepresidente (que pide que no se engañen y para ello aporta informes y subraya que una cosa y la otra, Batasuna ilegalizada y Sortu clonada, son lo mismo.

López, además de no querer emitir un juicio sobre la estrategia de Batasuna más allá de hablar de lo que “se mueve” y de que “escucha cosas distintas”, reitera tantas veces como puede y con el mismo tono dos consejos de destinatario distinto: a unos, que reclamen la desaparición de ETA; a otros, que no pongan obstáculos a la paz. Incluso añade que, puestos a poner las cosas en una suerte de baremo, es más importante la paz que el pacto que ahora tiene suscrito con el PP y gracias al cual gobierna en el País Vasco. Resulta un poco sorprendente ya que, cuando se firmó ese pacto, su primer objetivo era –se nos dijo- la paz mediante la desaparición de ETA. ¿Piensa ahora que quizá hay otros caminos similares o mejores? Debería explicarlo. ¿Y qué demonios puede ser poner obstáculos a la paz, que al parecer se cifran en un determinado nivel de escepticismo a que “lo que se mueve” y “lo que se oye”? Si la paz es callarlos no es paz. Si la paz no es la exigencia del cumplimiento de la ley y la negación de la impunidad tampoco. ¿O terminará siendo un obstáculo afirmar que, como el vicepresidente asegura, Sortu es la continuación de Batasuna, el mismo invento aderezado de gestos (lo que se mueve) y retórica (lo que se oye)?

No dudo, a pesar de todo, de que el prudente lehendakari tenga claras las ideas que le llevaron a pactar su investidura. Lo que creo que no tiene claro es cómo ejercer ahora su liderazgo de la paz y la libertad. Porque si cree que, por la presentación de Sortu, tiene que hacer o decir algo distinto a lo que decía y hacía antes de estos “históricos acontecimientos” sería un imprudente. Cuando no se encuentran las palabras adecuadas, que suelen ser sencillas, es mejor callarse.

 

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