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Parece que, tras la caída de los dictadores en Túnez y Egipto, otros países afectados por las rebeliones de los ciudadanos en la calle, ha optado por la represión más dura. En Egipto no se han librado de la violencia como revela el informe del ministerio de Defensa sobre muertos y heridos en los enfrentamientos en El Cairo, pero la situación se agrava alarmantemente en Libia, Yemen, Bahreim… y también en Irak. La estrategia elegida por los nuevos dictadores afectados es alejarse de la debilidad de la que dieron muestra sus antecesores (anuncios de negociación, promesas poco creíbles de reformas, intervenciones televisivas, etc.) y sacar a la calle, a menudo con brutalidad, a los policías y el ejército.

Todo puede, por tanto, estallar ante la perplejidad internacional. El caso de Bahreim es paradigmático y no precisamente por el tamaño o la población del país, que no sobrepasa el millón doscientos mil habitantes, buena parte de ellos extranjeros. Su papel en la zona, en el petróleo y las finanzas, es fundamental y allí está la flota norteamericana. Al mismo tiempo, Arabia Saudí, por sus relaciones económicas con el pequeño país, ha anunciado que si la situación se descontrola y es requerido por las autoridades de Bahreim podría intervenir. Y, al otro lado, Irak quiere aprovechar para ampliar su influencia por un camino distinto al que no parece tener muchas posibilidades: que los chiíes, mayoritarios en un país en el que los suníes detentan el poder, se sumen a la doctrina de los ayatolás. Mientras, la rebelión sale también a las calles de Teherán y el Gobierno muestra sin compasión alguna su fuerza represora.

En unas pocas semanas, el entusiasmo por esta ola de exigencia de democracia se mezcla con la incertidumbre y el miedo. Y no sólo el de las poblaciones reprimidas, sino el del mundo entero. Si la estrategia occidental de sostener dictadores aliados en muchos de esos países ha fracasado rotundamente, la velocidad de los acontecimientos y su dramatismo no parecen dar opción a que se ponga en práctica otra distinta de modo inmediato. Quizá el retraso de la salida de las tropas norteamericanas de Irak termine siendo una decisión impuesta por las circunstancias. Ayer mismo, el secretario norteamericano de Defensa declaró que se podría estudiar si hay una petición de Bagdag pero, como se sabe, las autoridades iraníes ya lo pidieron en cuanto se anunció, antes de todo lo que ha venido después.

 

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