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Si tiene razón, hay que dársela. El presidente Rodríguez Zapatero la tiene al decir que, para ganar las elecciones, hay que merecerlo. Tener razón en esto no significa que el presidente y su partido estén en mejor situación de cara a las autonómicas de mayo y a la perspectiva de las generales del próximo año. Es más, para perder las elecciones estando el poder no basta con no merecer ganarlas, sino que es necesario merecer perderlas, que es lo que el PSOE ha venido haciendo desde hace mucho tiempo tanto por sus errores como por el modo lamentable en que ha querido vender sus aciertos.

El presidente se ha venido equivocando hasta que, en mayo de 2010, sus colegas europeos levantaron el velo y pudo verse ante el precipicio. Se equivocó desde ese momento en la intensidad que precisaban las reformas, siempre pendiente de aparentar que seguía siendo un líder la izquierda que iba más allá de la socialdemocracia. Y se equivoca ahora planteando sus críticas a quien previsiblemente le va a ganar en las urnas con chistes como ese de ayer de estar “en la izquierda entre Méndez y Toxo” que son, además, los que acaban de darle el único respiro serio en su largo plano inclinado hacia la nada. El respito que no le ha dado el vicepresidente Pérez Rubalcaba (que puede tener mejor imagen de gestor pero ninguna que pueda asociarse a un nuevo proyecto socialista) ni los quince portavoces de los que quiso rodearse con el último cambio de gobierno.

El modo en que el presidente Rodríguez Zapatero ha dilapidado su capital político –indudable incluso para los que lo consideraran inmerecido- debería ser estudiado en todo análisis que se plantee cómo puede merecerse perder una elecciones. Los chistes de ayer son sólo un síntoma.

 

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