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Visto el panorama que refleja el barómetro del CIS, una conclusión previa es que los encuestados padecen una cierta mezcolanza ideológica. Más del 11% de los que dicen situarse en el extremo izquierdo de la escala “izquierda-derecha” se consideran liberales, como el 9% de los que aseguran estar en el extremo derecho de la misma escala. El problema, quizá, sea de los liberales, pero la encuesta muestra que la terminología política es más un etiquetaje gratuito que el resultado de una reflexión seria. De igual modo, la mayor parte de los “valores” que les parecen interesantes los consideras suyos ya sean socialistas o conservadores, de izquierda o derecha.

Por otro lado, en las elecciones de 2008 el PSOE obtuvo el 43,64% de los votos y, de entre los encuestados, el 45,1% recuerda haberle votado. Bueno, no es muy grande la diferencia. Sin embargo, el PP consiguió el 40,11% de los sufragios y, en ese mismo grupo de sondeados, sólo el 27,8% reconocen haber dado su apoyo a esa opción. Algunos malpensados piensan que la muestra del CIS está mal escogida por escorada pero también podría ser, en un país en el que sólo el 9,6% acepta ser identificado como “de derechas”, que subsista un cierto miedo escénico en admitir que se voto a la opción perdedora encabezada por Mariano Rajoy.

Todo ello debería servir para interpretar el resto de resultados, es decir, restando o añadiendo, según se quiera o sea lógico, esa resistencia a ser tomado como un ciudadano de derechas que puede desaparecer ante el ejercicio libre y secreto del voto pero, como se ve, no en las encuestas en las que, al menos ante el interrogador, se da la cara aunque no se de el nombre.

Y, así, la opinión reflejada en el Barómetro es ciertamente desoladora para el PSOE y el presidente del Gobierno de cara a las próximas autonómicas y a la perspectiva de las generales, aunque quede todavía más de un año para éstas y algunas cosas, quizá, puedan mejorarse. La declaración de intención de voto espontánea y la suma de esta y de simpatía política es cada vez más favorable al PP, aunque, haciendo abstracción del juicio negativo a la gestión, subsista una simpatía mayor por el PSOE lo que, lejos de consolar a los socialistas, acentúa más la desafección de sus antiguos y posibles votantes. La valoración de Rodríguez Zapatero y Rajoy es prácticamente similar y, aunque los sondeados consideran que el presidente es más honrado, consideran a este más preparado y con mayor visión de futuro. Hay otros líderes más valorados pero el conocimiento que revela la encuesta de quiénes son relativiza el entusiasmo en un ambiente general de pesimismo sobre el presente y el futuro en el que la política y los políticos son tenidos más como un problema que como una oportunidad de soluciones. La inmensa mayoría (el 80% de entre los que piensan votar a unos u otros) están convencidos de que ganará el PP. No hay excesiva confianza en que este partido vaya a resolver los problemas que acucian a los españoles, sobre todo de índole económica, pero, desde luego, es mayor que la desolación que produce el Gobierno y su partido. Para estos, si duda, el retrato es desolador.

 

 

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