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Como estaba previsto, Batasuna –en una semana de propaganda bien diseñada- anuncia un nuevo partido con la pretensión de que sea legalizado para presentarse a las elecciones forales y locales del próximo mes de mayo. El argumento, apoyado por otros partidos nacionalistas, es que los estatutos que se presentarán en el ministerio del Interior cumplen los requisitos de la Ley de Partidos hasta el punto que incluyen el rechazo a la violencia, incluida la de ETA “si la hubiera”.

Hay, evidentemente, un intento de presentar en público una “nueva Batasuna”, un partido distinto de lo que hasta ahora hemos conocido, pero, por el momento, habrá que concluir que esto es parte de una estrategia y no de un arrepentimiento de lo que ha venido haciendo, al alimón y dependiendo de ETA, durante toda la lamentable historia de este “brazo político” de la banda. Nadie puede convencer a los ciudadanos de que estamos ante algo distinto: es algo elaborado, preparado y presentado por los dirigentes de una organización declarada ilegal por su vinculación a una banda terrorista. Incluso son ellos, como ya hicieron antes para intentar burlar la ley, los que buscan “nombres blancos” para “marcas blancas”. Por otro lado, no se entiende por qué habría que legalizar Batasuna por sus estatutos si no fue ilegalizada por ellos, sino por formar parte de un entramado terrorista.

Se tratará, por tanto, como tantas veces se ha dicho, de que ETA desapareciera o de que una parte de sus efectivos se desvincularan de ella, condenaran sus procedimientos y un proyecto político que incluye la violencia totalitaria, y actuaran de ese modo en la vida política. Los fundadores de Aralar lo hicieron así y son considerados por los que ahora ofrecen unos estatutos unos traidores. Algunos terroristas de ETA lo manifestaron de ese modo claramente y son considerados igualmente traidores por los que dicen apostar por vías pacíficas.

Son los mismos y no se desvinculan de ETA, que es lo que se venía ansiando con un optimismo más que ligero. Precisamente el teórico rechazo de la violencia de ETA si lo hubiera es, más que un cambio o una ruptura, la prueba de que se quiere chantajear a la sociedad: si se quiere que no haya violencia, legalícese Batasuna. La aparición de supuestos verificadores de la tregua en los festejos organizados para esta semana es otra prueba más de una vinculación entre banda y partido, de que la oferta no es condenar la violencia ya ocurrida y la que venga en todo caso sino sólo si se cumplen sus exigencias inmediatas: la legalización de lo ilegalizado.

No hay, por tanto, ni desvinculación ni ruptura. Y si no las hay no veo por qué han de cambiar ni las exigencias de la ley ni la demostradamente exitosa política antiterrorista.

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