Etiquetas

, , , , ,

¿Para quién es un problema que la política económica española esté determinada por la Unión Europea? La visita de la canciller Angela Merkel, avalando diplomáticamente las últimas reformas, hace pensar a unos que Rodríguez Zapatero se ha convertido en una suerte de político de derechas que debe ser reprobado por ello o por hacerlo obligado. En las críticas de unos y otros parecen aceptarse dos principios que degeneran el debate político que España necesita en un momento de la gravedad del que vivimos: que una opción socialdemócrata está necesariamente vinculada a la heterodoxia de las cuentas públicas y que las relaciones de interdependencia entre socios y aliados son un atentado a nuestra soberanía.

Lo que Merkel avala, lo que la Comisión Europea exigió a España el pasado mes de mayo, no se aleja mucho de un programa de reformas que, en Alemania, promovió el canciller socialista Gerhard Schröder –desde la reducción del gasto, los ajustes sociales hasta la reforma de las relaciones entre los länders y la Administración central- y que terminó ella, precisamente en coalición con los socialdemócratas, con la reforma de las pensiones. Una cosa es, por tanto, que se discuta sobre la fe o el escepticismo en el carácter demiúrgico de los poderes públicos y sobre el papel de la iniciativa privada o el mercado como institución y otra que eso se pueda hacer fuera del mundo real, gastando lo que no se tiene y sin reparar en que la fe en el Estado (y en el Estado de Bienestar) debe ser compatible con la razón. De hecho, el sistema que la historia ha revelado más eficaz para destruir la soberanía de las naciones no son ni la contención ni los compromisos internacionales, sino el endeudamiento que pone el futuro en manos de los acreedores.

El problema de Rodríguez Zapatero no es tener que dejar de ser socialdemócrata por la “intervención” de sus colegas europeos de la derecha, sino haber dejado de serlo, amparado por una estrambótica concepción del “republicanismo cívico” y tener ahora que negarse a si mismo después de desplomarse. El problema del PP es haberse limitado a predecir y certificar el derrumbamiento en vez de dibujar, con el coste propio de la concreción, el mapa de vuelta a la realidad. A Merkel, desde luego, no le han dado la oportunidad de decir que está contenta de que se haya hecho lo que la derecha española proponía.

 

Anuncios