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Hay que reconocer que, a pesar de tanto desconcierto y desafección, el presidente del Gobierno ha maniobrado con habilidad en la cuestión de la reforma de las pensiones. El miércoles, con un tonillo de a ver qué haces, la secretaria general del PP decía que ya hace mucho tiempo su partido reclamaba un acuerdo y que era a lo que se tenía que poner. Ya se había puesto a ello con partidos minoritarios de la cámara y, con la necesaria y eficaz colaboración del ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, estaba en ello en ese momento con los dos principales sindicatos. El resultado, ayer: acuerdo con las centrales, aprobación de los autónomos si se respeta –que se hará- el acuerdo de equiparación a los asalariados, apoyo parlamentario, contento de la patronal tras alguna sorpresa matutina y, cuando llegue Angela Merkel a Madrid, que está a punto, parabienes de los socios europeos.

Rodríguez Zapatero ha conseguido mantener el aumento de la edad de jubilación a los 67 años. Era una exigencia europea después de que el Gobierno, que envió un informe en ese sentido a Bruselas, pareciera echarse atrás. Se había convertido, a un lado la necesidad de sostener el sistema a medio plazo, en una muestra de la confianza que podía merecer de sus socios. Al mismo tiempo, y para que lo acepten, pacta una jubilación a los 65 años si se cumplen 38 y medio de cotización. Mantiene así mismo la ampliación del periodo de cómputo y concede, además de seguir dialogando sobre la negociación colectiva, algunas compensaciones para becarios y personas que dejan el trabajo para atender a sus hijos. Quedan flecos pero, desde el punto de vista político –y estratégico- al presidente le ha salido redondo.

Hasta tal punto que el PP ha tenido que responder asegurando que está abierto a sumarse al acuerdo e incluso que algunas de sus propuestas flexibilizadotas en el Pacto de Toledo han sido tomadas en cuenta. En este tema, como el PP no ha sido proactivo ni ha querido tomar la iniciativa, ha tenido que ir reculando paulatinamente: que no a una reforma que no incluyera la descongelación de las pensiones, que no si se aumentaba la edad de jubilación, que no era capaz el Gobierno de pactar con nadie, etc. Todo en agua de borrajas ahora. La genial Cospedal viene a decir ahora que bien, pero que el PP hubiera ido más allá. ¿En qué? ¿Cómo? A favor de Merkel, Sarkozy y la Comisión Europea o en contra de sus colegas ideológicos. A la habilidad de Rodríguez Zapatero corresponde una oportunidad perdida de la derecha que, claro, no puede ahora presentarse seriamente junto a Izquierda Unida, que es la que se sigue oponiendo un tanto aturdida por el acuerdo con los sindicatos.

 

 

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