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Quizá los políticos –y sus partidos- terminen enfrentándose a la cuestión de sus pensiones, pero deberían hacerlo antes o al mismo tiempo a sus problemas. El PP tiene el de administrar la euforia y convertir las expectativas en alternativa sin querer convencerse, y convencernos, de que, hasta las elecciones generales, viven, sólo ellos, en una suerte de paraíso. Es una evidencia que la marcha de Álvarez Cascos, tras ser rechazado, supone un problema que debería ser resuelto políticamente en vez de poniéndose nerviosos o, sencillamente, negándolo con esa simpleza de que se trata de algo del pasado. Se trata, en definitiva, de algo presente (el malestar expresado o tácito) y futuro (las próximas elecciones autonómicas). Puede resolverlo, quizá, pero no parece el elegido –dejando además el tema en manos de la señora Cospedal, la menos indicada ara ello- el más adecuado.

Ahora les sale Esperanza Aguirre diciendo que Álvarez Cascos sería mejor candidato en Asturias que la señora Pérez Espinosa. No hay nada extraño en ello ya que todo el mundo sabe que la presidenta de Madrid apostó por el ex ministro antes, durante y después de que el Comité Electoral se negara a aceptar las pretensiones de éste. Su popularidad en Asturias y su personalidad política hacen, además, que su alejamiento y más que posible presentación a las elecciones autonómicas no sea sólo una cuestión de aquella comunidad autónoma, sino del PP como partido nacional. Negarlo es, desde luego, un modo de arriesgarse a que el problema se pudra. Resolverlo precisa otro itinerario.

Mientras, sale el PSOE diciendo que al PP le dura la unidad un par de días. Lo de la unidad de los partidos está muy bien, pero se convierte en una enfermedad cuando se antepone a la discrepancia respetuosa y al debate interno sobre programas y personas.. Pero que el PSOE quiera incidir en ello resulta sarcástico cuando, a estas alturas, aunque se disimule y con menos entusiasmo general que el de sus adversarios, andan por ahí los barones pidiendo que el presidente anuncie que no va a presentarse a las generales, que de este modo no salen adelante en los comicios regionales y discutiendo, además, sobre posibles sustitutos.

Insisto: o se discute razonablemente (que en la cuestión de Ávarez Cascos hubiera sido un congreso y en la del PSOE la propuesta de una alternativa socialista a la política gubernamental) o, sencillamente, todo a igual. Como da igual quién vaya a hacer campaña en Asturias.

 

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