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Algunos dirigentes autonómicos del PSOE, que deben enfrentarse a sus contrincantes del PP el próximo mes de mayo, desean que el presidente Rodríguez Zapatero anuncie la decisión sobre su futuro antes de las elecciones regionales para que, argumentan, no se conviertan los comicios en “un plebiscito Zapatero sí o Zapatero no”. Esa sería, según este planteamiento, la intención de la derecha, claramente formulada en el discurso de José María Aznar –y con él todos los demás- en la inauguración de la Convención de este fin de semana: los resultados de mayo deben reflejar “un país que reclama ya el cambio político que necesita”. La alternativa, según estos candidatos tan desesperanzados como satisfechos con su propia gestión, sería que en la próxima convocatoria electoral se discutiesen, despejada la gran incógnita, los asuntos autonómicos y locales, los temas particulares.

Nada de esto oculta, sin embargo, la angustia y el pesimismo, el fracaso anunciado de los socialistas. En primer lugar, como ha apuntado el ex presidente González, la única decisión que respecto a su futuro correspondería exclusivamente a Rodríguez Zapatero es la de no presentarse ya que la otra, la de repetir como cabeza de cartel en 2012, atañe también al partido. Quienes quieren el anuncio del presidente en estos meses que faltan hasta las autonómicas desean, aunque no lo digan abiertamente, que Rodríguez Zapatero revele que se retira. Y que lo haga, además, después de una decisión definitiva sobre la reforma de las pensiones para que, soltado el lastre con el que identifican al presidente, de lo lleve todo consigo.

La estrategia de estos líderes regionales del PSOE es tan aciaga como contraria a sus intereses. De un lado, si piensan así los barones del partido, qué pensarán, previamente o precisamente animados por ellos, los votantes que observan al presidente y su política desde fuera y, además, la padecen de modo más indefenso. Si el desastre es ya considerable, no hacen sino incrementarlo. Y, además (e independientemente de que la administración de algunas regiones ha sido mimética o peor que la del Gobierno central), la retirada de Rodríguez Zapatero sólo supondría una ventaja si los candidatos socialistas se convirtieran, de pronto, en algo ajeno al PSOE y a la responsabilidad de haber alimentado una política y al presidente que la ha impulsado. El fracaso es el de un proyecto que ellos, los sostenidos por el secretario general, pusieron en manos del actual presidente. Pueden lamentarse, pero no quejarse.

 

 

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