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La única duda es si es el PP el sorprendente, o lo son algunos de sus dirigentes. Quizá sea esto último ya que, al fin y al cabo, estamos ante una estrategia perfilada, es decir, de ponerse de perfil en cuanto a los ajustes concretos y hay algunos que, por su cargo o por su modo de ser, se ven obligados a colocarse de perfil cuando están de frente, lo que no es nada fácil.

Se podría pedir, de todos modos, un poquito de coherencia. Hasta para esconderse hace falta un tanto de lucidez. En el caso de la reforma de las pensiones, de lo que no hay duda es de que, a la derecha, todo es sorprendente. El Gobierno, en su propuesta de reforma, pretende tanto ampliar el periodo de cómputo de las pensiones como retrasar la edad de jubilación. El PP, que había utilizado en el pasado los mismos argumentos sobre la viabilidad del sistema que el Gobierno usa ahora, se ha mostrado partidario de la primera de las medidas y contrario a la segunda. Su oposición a esta última propuesta ha sido, además, de una dureza llamativa, como suelen ser todas las durezas que no se quieren acompañar de propuestas alternativas. Se trataba, oponiéndose a la nueva edad de jubilación, de oponerse a que las pensiones se redujeran para evitar una “crueldad con los trabajadores” que Esteban González Pons achacó al Gobierno.

Sería algo encuadrable en un proyecto ideológico identificable si hubiese algún otro partido de la derecha europea que se comportase de modo parecido y resultaría justificable en casa si se reconociese que las pensiones ya se reducen con la ampliación del periodo de cómputo que, sin embargo, se apoyo. ¿No hay crueldad en esto?

El Gobierno, por su parte, es capaz de poner patas arriba la propuesta de reforma para conseguir, aunque sea coyuntural o perjudicial, que el enfrentamiento de los sindicatos con su política económica quede atemperado. Estos, además de otras conquistas referidas a la reforma laboral quieren que se renuncie al retraso de la edad de jubilación. Quieren una contrareforma, no hay duda, en esto y en las pensiones. Al PP, según Cospedal, sólo le parece mal la primera y, al parecer, piensa que si se da marcha atrás con las pensiones, que han sido una demanda persistente de la Comisión Europea, no se perderá la confianza de los mercados, lo que sólo ocurrirá si no se hace caso al PP, que es el único partido de la derecha europea (y de la izquierda) que defiende la idea imposible de que se puedan llevar a cabo los ajustes precisos sin ningún coste social.

Como ya no se sabe que pueda significar crueldad para el PP, convendría que, al menos, busquen, para esta cuestión, un portavoz al que se le entienda.

 

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