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Dando un vuelco a las cosas parece que, de pronto, puede haber acuerdo con los sindicatos en la reforma de las pensiones. El ambiente, desde luego, no es el que era y se puede decir que la anunciada manifestación sindical sobre el tema ha terminado antes de que se preparen los carteles y la convocatoria oficial. Este “éxito”, si termina por llegarse al acuerdo, es un arma de doble filo. El presidente, al presentar el Informe Económico esta misma semana,  dijo, con razón, que las reformas serias eran mejor que las reformas aguadas con consenso. Ahora se trata de ver si la concreta de las pensiones, a cuya negociación se suman otros asuntos laborales por exigencia del guión de los sindicatos, la reforma consensuada serla la seria que la economía española precisa o la aguada con la que el Gobierno, empleando en la tarea a sus dos vicepresidentes, cree que puede contener algo la sangría de votos que padece mes a mes.

Ayer mismo, otra euforia gubernamental, al parecer contagiosa en algunos ambientes, daba cuenta de que el presidente, a pesar de la firmeza retórica en las reformas profundas, se conforma cada vez con menos. Todo el aparato gubernamental parecía feliz de que se pudiera haber colocado la emisión de bonos de deuda, como si no tuviera importancia el elevadísimo precio que se va a pagar por ella, mayor ayer que el ya carísimo de final del pasado año.

Si estamos lejos de generar la confianza precisa en los inversores (por mucha perorata sobre la ayuda china, etc.), el resultado final de la negociación ampliada sobre las pensiones puede convertirse en un bumerang : una reforma aguada en aras del consenso y un efecto pernicioso en los mercados internacionales. Hay que tener en cuenta que esta concreta cuestión, la reforma de las pensiones, fue el origen del fatal desencuentro del Gobierno con la Comisión Europea poco antes de que nos impusiera el recorte drástico de mayo de 2010. Retrasar la propuesta que por escrito se había enviado a Bruselas fue considerado un síntoma de poca fiabilidad. Veremos ahora el efecto que produce un acuerdo rebajado por mucho que, aparentemente, le quite un problema al Gobierno con su sector de votantes más proclive a los dictados sindicales.

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